
Hablarán, discutirán, expondrán las enormes dificultades que actualmente tienen los estados para atender sus compromisos con los que viven en la miseria... Para otro momento dejaremos la discusión sobre la moralidad de los argumentos que, sin duda, se harán públicos en las tribunas de la ONU. Pero hoy, ahora, desde hace ya muchos meses, los que han demostrado una ausencia completa de ética y moralidad son aquellos que nos colocaron en la situación de crisis en la que nos encontramos y reclamaron el auxilio social (como en los viejos tiempos) para mantener a flote el modelo económico del que ellos eran, y son, garantes. Bancos y entidades financieras de todo tipo recibieron ayudas económicas, hoy casi inmedibles, para evitar el colapso del sistema. De, sobre todo, su sistema. Pero pasado lo peor de la tormenta, una vez rescatados del seguro ahogamiento, no recuerdan que continúan aplicando su racanería, sus intereses leoninos, sus comisiones abusivas a aquellos que, con sus impuestos, indirectamente fueron sus salvadores.


Una tasa que supondría solamente el 0,05 % sobre las transacciones financieras (¿suena ridículo?), pero que lograría recaudar entre 150.000 y 520.000 millones de euros anuales, suficientes para cumplir con los Objetivos del Milenio. Suena tan sencillo, tan socialmente justo, tan fácil, incluso tan respetuoso con el sistema financiero del que somos incapaces de despojarnos... Por eso mismo, suena tan complicado.
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