La segunda jornada del Certamen Nacional de Teatro de Almansa nos ha hecho viajar desde el desenfado y la comicidad de la jornada de ayer hasta la angustia y la tragedia que hoy se han diseminado por el patio de butacas. Han sido Clara y Solange, Las criadas, adscritas a la compañía Menecmos de Leganés, quienes nos han revelado sin tapujos su triste y acobardada ansiedad y su atormentado dolor. Como atormentada fue la existencia del autor de la obra, Jean Genet, prácticamente desde su nacimiento.
El montaje de Menecmos sorprende, ante todo, por la audacia que supone transformar una obra escrita para ser representada por mujeres en un ejercicio de travestismo que acaba siendo completamente creíble. Porque, al fin y al cabo, en la soledad -compartida o no- de cada cual, el desasosiego, la desesperanza, el miedo y la agonía de los sentimientos terminan haciéndose universales, repartidos entre hombres y mujeres a partes iguales. Así, Clara, Solange y la señora, adoptan forma masculina en unos actores que hablan en femenino y sienten como seres humanos. Lo hacen para poner sobre la escena una obra que camina por la línea divisoria entre el amor y el odio, entre el desprecio y la admiración (o la envidia, que es su cara oculta) cuya trayectoria, finalmente, se dirige hacia una fracasada búsqueda de la propia identidad.

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