¿Quién no ha escuchado aquello de "las fiestas de mi pueblo son las mejores del mundo"? Dicho en boca del correspondiente paisano, solemos acoger esta afirmación con una condescendiente sonrisa y, si acaso, añadiremos una réplica del estilo "las del mío sí que son buenas". Porque ¿quién decide cuáles son las mejores vaquillas, las de Tororubio o las de Toromoreno?, ¿con qué orquesta baila más gente, con la de Pachín o la de Pachán?, ¿qué puestos ambulantes ofrecen más y mejor mercancía, los de Mercarriba o los de Mercabajo? Finalmente, la intrascendencia de la cuestión se suele dirimir con una invitación a la mutua visita con la que poder comprobar que ambos llevaban razón.
Pero cuando a la frase se le añade un aire de solemnidad, grandilocuencia y pretenciosidad, se suele incurrir en el más tópico de los paletismos. Y si la dice un responsable político, como si en ello le fuera la vida, se roza el ridículo. Como no es la modestia uno de los adornos del equipo de gobierno Independientes-PP, cuyo paradigma lo encontramos en la persona del Sr. Calatayud, a través de él hemos descubierto ahora que -además de que Almansa no existía antes de llegar ellos-, la Feria de nuestra ciudad es la referencia, la más importante de Castilla-La Mancha y nuestra programación cultural es, también, un referente a nivel nacional. No se lo voy a discutir, no sea que me acuse de antipatriota, pero en fin... Hay, Sr. Calatayud, que viajar más, ver más y aprender más de lo que hacen otros (a la vez que enseñar lo que uno hace). Pero, sobre todo, hay que practicar más la humildad y menos el autobombo y dejar de mirarse un poco el ombligo.
En cualquier caso, como todos los años, enhorabuena al conjunto de ciudadanos que han disfrutado de la Feria y, muy especialmente, a los colectivos que, de una u otra manera, han aportado su trabajo.
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